Dejé pasar los días y no escribí abstolutamente nada sobre tu liberación. Creo que fue uno de los momentos más felices de mi vida. A pesar de que sabíamos que iba a suceder tarde o temprano, no lo esperabamos. Fue como una ola de esperanza que después de muchas horas se convirtió en realidad. Mamá y la enana te fueron a buscar. Estuvieron muchas horas en el frío, y se bancaron de todo esperándote. Me sentí culpable de no ir, pero me obligaron a quedarme en casa. Un día después me tocaron el timbre, y nunca bajé tan rápido a abrir la puerta de entrada al edificio.
Sólo quiero que sepas que te quiero con el alma viejo. Hoy y siempre. Y muchas cosas pudieron haber cambiado, pero nuestra unión de los cuatro sigue tan intacta como siempre.



No hay comentarios:
Publicar un comentario